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Posts Tagged ‘Rascacielo’

Bank of America consiguió refinanciar su sede en Nueva York, un rascacielos ecológico que adorna el paisaje urbano de la Gran Manzana desde hace unos meses, según anunció hoy Durst Organization, copropietaria del edificio.

Con cerca de 1,28 millones de dólares, el acuerdo alcanzado por un grupo de entidades financieras con el banco y su socio es “la mayor operación de financiación inmobiliaria realizada en Estados Unidos desde que los mercados financieros se derrumbaran el pasado otoño”, dijo Douglas Durst, presidente de Durst Organization.

“Se trata del mayor rascacielos diseñado y construido en Nueva York después del 11 de septiembre de 2001, y ahora es el primer edificio en recibir un gran préstamo, tras la congelación del mercado crediticio en 2008”, continuó Durst, quien formó una “joint venture” con Bank of America para la construcción de su sede en Manhattan.

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El Edificio Woolworth (Inglés: Woolworth Building) es un rascacielos de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Su construcción terminó en 1913 y fue diseñado por Cass Gilbert.
woolworth

Fue el edificio más alto del mundo hasta 1930, cuando se construyeron el 40 Wall Street y el Edificio Chrysler. El edificio fue construido por el financiero estadounidense Frank Woolworth, que deseaba un edificio destacable para su sociedad. En 1909 compró un terreno en Broadway, pagando el rascacielos al contado.

El edificio se asemeja a una catedral gótica por sus adornos de pináculos y gárgolas. Cuenta con 60 pisos y 241 metros de altura. En la antecámara en forma de cruz latina se extiende la galería comercial. El vestíbulo tiene una altura de tres plantas, techo con cristaleras y bóveda cubierta de mosaicos dorados de inspiración bizantina, una gran escalera de mármol y esculturas que caricaturizan a Woolworth contando monedas y Gilbert con una maqueta de su edificio.

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Hace tres años, en el pico de la burbuja inmobiliaria, el promotor Harry Macklowe pagó 498 millones de dólares por un rascacielos de 40 plantas en el número 1330 de la avenida de las Américas, en Manhattan. Ese mismo edificio, situado en la zona más cara en EE UU, y quizá del mundo, se acaba de vender en una subasta por 100.000 dólares.Stop_rascacielos_ManhattanMacklowe no podía pagar lo que debía. El nuevo propietario del rascacielos, el fondo de pensión canadiense Otera Capital, asume los 240 millones de su hipoteca. El 31% del edificio, que acoge la redacción estadounidense del diario Financial Times, estaba vacío, a pesar del desplome que desde hace meses se ve en el precio de los alquileres. Otro signo de la crisis que azota el centro del capitalismo tras el infarto de Lehman Brothers. Y no es el primer caso, ni será el último.

Real Capital Analytics calcula que sólo en Nueva York hay propiedades comerciales por un valor superior a los 6.000 millones que afrontan problemas serios de financiación y que pueden acabar subastadas por desahucio. Una situación inédita en décadas. Entre las propiedades en serias dificultades se encuentra el rascacielos de Moinian Group.

Han bastado siete meses para que se produjera el vuelco. Ante tal degradación, en el sector se preguntan si hay capacidad de movilizar el crédito para refinanciar los préstamos de estas propiedades que acogen oficinas, centros comerciales, hoteles -como el proyecto que apoya Robert de Niro en Manhattan- y otro tipo de edificios no residenciales.

Se calcula que en EE UU hay unos 680.000 millones de dólares en préstamos cuya financiación debe ser revisada entre este año y 2012. Por eso se teme que el comercial sea la próxima burbuja en estallar en el sector inmobiliario, donde la crisis de las hipotecas subprime está provocando ya que en California, Florida, Arizona o Nevada algunas hipotecas valgan más que las propias casas y sus efectos salpiquen al conjunto de la economía.

Obligados a vender

Y, como en el caso de los préstamos basura, preocupa que los activos que respaldan los créditos de inmuebles comerciales es un mercado que está seco. Esa especie de bonos está valorada en 700.000 millones, y de ellos, unos 154.000 deben ser revisados por los bancos. Si los propietarios no consiguen renovar o modificar las condiciones del préstamo, deberán vender. Deutsche Bank acaba de desprenderse del rascacielos Worldwide Plaza, uno de los siete edificios adquiridos por Harry Macklowe en 2007 en plena burbuja inmobiliaria, adquirido con un crédito de la entidad alemana.

El Real Estate Roundtable estima en 6,5 billones el valor del sector inmobiliario comercial en EE UU. La mitad, unos 3,1 billones, es deuda. “El peligro es que se repita lo que ocurre en el mercado residencial”, señalan desde esta asociación, que teme que buena parte de los créditos a revisión no pase el listón. Deutsche Bank advierte de que los impagados se han duplicado desde septiembre y podrían llegar a multiplicarse por diez. Los problemas financieros también están poniendo de rodillas a otros grandes proyectos en fase de incubación, como el rascacielos de Herzog & De Meuron, de 56 pisos. También está estancada la torre de 42 plantas de Kohn Pedersen Fox para JP Morgan Chase. Y sufre serios retrasos la de 72 pisos de Jean Nouvel junto al MOMA.

Como decía New York Magazine, está a punto de escribirse una historia de los edificios que nunca se construyeron. “En tiempos difíciles, el índice de supervivencia

[de ambiciosos proyectos] cae con el Dow [el principal índice de Wall Street]”, afirma la publicación. Sólo si la financiación empieza a fluir pronto se evitará.

Comprar barato

La incertidumbre sobre la marcha de la economía hace difícil saber cuál será el tamaño de esta nueva ola. La recesión ya está restando valor a esos activos inmobiliarios, cuyo precio medio cayó un 17% en 2008. Y se habla de una corrección del 35% antes de que se estabilice respecto al pico. El problema es que esos créditos están respaldados por bancos y aseguradoras, lo que podría traducirse en nuevas pérdidas para el sector financiero. Es un tren descarrilado que se puede empotrar en el edificio, como señalan desde el portal PropertyShark.

Pero la crisis permite a los compradores con liquidez adquirir mucho más barato. Y al no haber nuevas construcciones, los bancos pueden abrir más la mano a la hora de negociar los créditos. Tanto la Reserva Federal como el Tesoro ya están ajustando sus mecanismos de ayuda para hacer más atractiva este tipo de deuda ante los inversores.

El País.-

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Manhattan ha inaugurado hoy un nuevo parque, el High Line, una línea de tren abandonada a nueve metros de altura que recorre el oeste de la isla, en paralelo al río Hudson. Una vía convertida en zona verde, el Central Park del siglo XXI. Una alfombra voladora sobre Chelsea, rodeada de modernos edificios de apartamentos y el último hotel inaugurado en Nueva York.

Quienes viajen a la ciudad de los rascacielos y caminen sobre el nuevo parque del High Line tendrán que darle las gracias a Joshua David y Robert Hammond, los salvadores de esa línea elevada de tren que arranca en la calle Gansevoort y llega hasta la 34, antaño utilizada como medio de transporte de los almacenes de la zona. Pues bien, a partir de hoy esa vía que funcionó entre 1934 y 1980 y que ha sobrevivido como un esqueleto inmóvil donde crecía la hierba a salvo de desmanes inmobiliarios es un parque en las alturas, el más apetecible de los proyectos urbanísticos de Manhattan. Una vía abandonada convertida en parque público que correrá por encima de las avenidas de Chelsea, con impagables vistas desde cada cruce. Tanto, que ya la han bautizado “la alfombra voladora” o “el Central Park de nuestra generación”, la imagen de una nueva Gran Manzana.
El proyecto ha llevado casi diez años de trabajo y su coste asciende a 152,3 millones de dólares (109 millones de euros). «En lugar de destrozar esta valiosa pieza de nuestra historia, la hemos reciclado para crear un innovador y estimulante parque que proporcionará más espacio al aire libre para nuestros ciudadanos y creará puestos de trabajo y beneficios económicos para nuestra ciudad», ha dicho Bloomberg.

Su longitud completa será de 2,4 kilómetros, y partirá de la calle Gansevoort, en el barrio del Meatpacking, para terminar en la calle 34, en la zona oeste de Midtown. Sin embargo, la parte inaugurada esta semana se extiende sólo hasta la calle 18, y ha requerido una inversión inicial de 86,2 millones de dólares (62 millones de euros).

Desde este parque neoyorquinos y turistas tendrán la oportunidad de observar con una perspectiva diferente algunos de los enclaves más conocidos de la Gran Manzana, desde la Estatua de la Libertad hasta el Empire State o el Hudson.

«Hace diez años, los detractores de la High Line creían que era una monstruosidad. Afortunadamente, hubo un puñado de gente que cuando la miraba veía en ella un extraordinario regalo para el futuro de nuestra ciudad. Hoy desenvolvemos ese regalo», ha afirmado Bloomberg.

En caso de excesiva afluencia de gente en los primeros meses, los responsables del parque planean crear un sistema para limitar a unos 1.700 el número de personas que se encuentren al mismo tiempo sobre la plataforma, que se cerrará en horas nocturnas.

ABC.es

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El edificio Chrysler es un edificio que se ha convertido en un símbolo distintivo de la ciudad de Nueva York, que mide 319 metros y está situado en el lado este de Manhattan en la intersección de la calle 42 y la Avenida Lexington. Construido originalmente por la corporación Chrysler, el edificio es actualmente copropiedad de TMW Real Estate (75%) y Tishman Speyer Properties (25%). El edificio Chrysler fue diseñado por William van Alen, el contratista William H. Reynolds y posteriormente vendido a Walter P. Chrysler como sede central para su compañía.

Historia

En el momento en que se estaba levantando el edificio, los constructores de Nueva York se encontraban en una dura competencia para construir el rascacielos más alto del mundo. El edificio Chrysler fue construido a una media de 4 plantas por semana y ningún trabajador murió durante su construcción. Apenas antes de su finalización, el edificio se encontraba igualado con el edificio 40 Wall Street, de H. Craig Severance. Este último agregó posteriormente 61 centímetros a su edificio y reclamó el título de edificio más alto del mundo (esta distinción excluía a las estructuras, como por ejemplo la Torre Eiffel).

Van Alen, previamente, había conseguido permiso en secreto para construir una aguja, que fue construida dentro del edificio. La aguja de acero inoxidable Nirosta fue colocada en la cima del edificio una tarde de noviembre de 1929 haciendo del edifico Chrysler no sólo el edificio más alto del mundo, sino también la estructura más alta. El edificio abrió sus puertas al público, el 27 de mayo de 1930. Van Alen y Chrysler disfrutaron de esta distinción durante menos de un año, hasta que le fuera entregada al Empire State Building. Desafortunadamente la satisfacción de Van Alen quedó empañada por la negativa de Walter Chrysler a pagarle sus honorarios.

El edificio fue renovado en 1978 y 1979, durante los cuales el vestíbulo fue revestido de granito, mármol y acero. La aguja sufrió una restauración que fue completada en 1995. El edificio fue comprado por Alex DiLorenzo. DiLorenzo lo vendió a una empresa de seguros de vida de Massachussets, y posteriormente fue vendido a Jack Kent Cooke, un inversionista canadiense-estadounidense. El edificio, en este momento, es co-poseído por TMW Real Estate, con el 75% de la propiedad, y Tishman Speyer Properties, con el restante 25%

Arquitectura

El edificio Chrysler es un magnífico ejemplo del estilo arquitectónico Art Deco; la ornamentación distintiva de la torre está basada en los tapacubos usados por entonces en los automóviles Chrysler. En cada esquina del piso 61 está situada un estatua de la cabeza de una águila. En las esquinas del piso 31, están unas réplicas de las tapas de los radiadores de los automóviles Chrysler de 1929, a las que se les añadieron unas alas.

El vestíbulo es igualmente elegante. Cuando el edificio se abrió por primera vez, contaba con una galería de acceso al público en la parte superior, y esta galería fue sustituida pocos años más tarde por un restaurante. Pero ninguna de estas dos iniciativas fueron capaces de ser económicamente sostenibles durante la gran depresión, así que el originario mirador se convirtió en un club privado. Los pisos superiores del edificio son estrechos, con techos inclinados y bajos, diseñados pensando principalmente en el aspecto exterior, con interiores útiles únicamente para albergar emisoras de radio y otros equipamientos mecánicos y eléctricos.

En los años más recientes, el edificio Chrysler ha seguido siendo uno de los favoritos de los neoyorquinos. En verano de 2005, el Museo de Rascacielos de Nueva York escogió a cien arquitectos, constructores, críticos, ingenieros, historiadores, y eruditos, entre otros, para que eligieran a sus 10 rascacielos favoritos entre los 25 de Nueva York. El Edificio de Chrysler quedó en primer lugar, ya que el 90 % de los elegidos colocó el edificio entre sus 10 edificios favoritos de Nueva York.

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