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Situado junto a la New York Public Library, en la Sexta Avenida, entre las Calles 40 y 42, se encuentra el Bryant Park, el parque más grande del Midtown Manhattan. El área que comprende hoy el parque y la Biblioteca ya fue declarada como zona pública en 1686 por el gobernador de la colonia Thomas Dongan. En 1823, se estableció este lugar como cementerio hasta su cierre en 1840 cuando el desarrollo urbanístico llegó hasta esta parte de la ciudad. Con la apertura en 1847 del Croton Distributing Reservoir en el mismo lugar en el que hoy se encuentra la New York Public Library, se habilitó al Oeste un parque al que se le llamó Reservoir Square. El Reservoir Square fue el lugar en el que se celebró la primera Exposición Universal en Nueva York entre los años 1853 y 1854. Para tal evento se construyó un Palacio de Cristal que fue destruido por un incendio en 1858. El parque fue renombrado en 1884 como Bryant Park en honor al poeta y periodista William Cullen Bryant.


A finales del siglo XIX, el Croton Distributing Reservoir fue cerrado y derribado para la construcción de la New York Public Library. El parque necesitaba una reconstrucción, pero no fue hasta 1934, tras la Gran Depresión, cuando el comisionado de parques Robert Moses decidió reconstruirlo con un diseño de Lusby Simpson. A pesar de los intentos porque el parque fuera un lugar tranquilo de descanso, el lugar fue degenerando al ser frecuentado por delincuentes y mendigos en los años 70. El Bryant Park tuvo que ser reconstruido de nuevo en 1989 y se reabrió al público en 1992.

En la actualidad el Bryant Park es el lugar preferido para el descanso de los oficinistas en los calurosos días de verano. Durante los meses de invierno podrá patinar en una de las pistas de hielo más grandes de la ciudad que ocupa gran parte del parque. El parque además ofrece acceso a Internet WiFi gratuito y cuenta con un restaurante de comida americana, el Bryant Park Grill and Café.

Welcome to Bryant Park

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Manhattan ha inaugurado hoy un nuevo parque, el High Line, una línea de tren abandonada a nueve metros de altura que recorre el oeste de la isla, en paralelo al río Hudson. Una vía convertida en zona verde, el Central Park del siglo XXI. Una alfombra voladora sobre Chelsea, rodeada de modernos edificios de apartamentos y el último hotel inaugurado en Nueva York.

Quienes viajen a la ciudad de los rascacielos y caminen sobre el nuevo parque del High Line tendrán que darle las gracias a Joshua David y Robert Hammond, los salvadores de esa línea elevada de tren que arranca en la calle Gansevoort y llega hasta la 34, antaño utilizada como medio de transporte de los almacenes de la zona. Pues bien, a partir de hoy esa vía que funcionó entre 1934 y 1980 y que ha sobrevivido como un esqueleto inmóvil donde crecía la hierba a salvo de desmanes inmobiliarios es un parque en las alturas, el más apetecible de los proyectos urbanísticos de Manhattan. Una vía abandonada convertida en parque público que correrá por encima de las avenidas de Chelsea, con impagables vistas desde cada cruce. Tanto, que ya la han bautizado “la alfombra voladora” o “el Central Park de nuestra generación”, la imagen de una nueva Gran Manzana.
El proyecto ha llevado casi diez años de trabajo y su coste asciende a 152,3 millones de dólares (109 millones de euros). «En lugar de destrozar esta valiosa pieza de nuestra historia, la hemos reciclado para crear un innovador y estimulante parque que proporcionará más espacio al aire libre para nuestros ciudadanos y creará puestos de trabajo y beneficios económicos para nuestra ciudad», ha dicho Bloomberg.

Su longitud completa será de 2,4 kilómetros, y partirá de la calle Gansevoort, en el barrio del Meatpacking, para terminar en la calle 34, en la zona oeste de Midtown. Sin embargo, la parte inaugurada esta semana se extiende sólo hasta la calle 18, y ha requerido una inversión inicial de 86,2 millones de dólares (62 millones de euros).

Desde este parque neoyorquinos y turistas tendrán la oportunidad de observar con una perspectiva diferente algunos de los enclaves más conocidos de la Gran Manzana, desde la Estatua de la Libertad hasta el Empire State o el Hudson.

«Hace diez años, los detractores de la High Line creían que era una monstruosidad. Afortunadamente, hubo un puñado de gente que cuando la miraba veía en ella un extraordinario regalo para el futuro de nuestra ciudad. Hoy desenvolvemos ese regalo», ha afirmado Bloomberg.

En caso de excesiva afluencia de gente en los primeros meses, los responsables del parque planean crear un sistema para limitar a unos 1.700 el número de personas que se encuentren al mismo tiempo sobre la plataforma, que se cerrará en horas nocturnas.

ABC.es

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