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Archive for the ‘Artículos’ Category

Si deseas pasar un buen rato, y comer algo en Nueva York, puedes visitar “Rudy’s Bar & Grill” localizado en el 627 de la 9na avenida dentro de la zona conocida como Hell’s Kitchen (Hell’s Kitchen, también conocido como Clinton, es un barrio de Manhattan, Nueva York. Está delimitado por las calles 34 y 59 al sur y norte, respectivamente; y el Río Hudson y la Octava avenida, al este y oeste.) El lugar no es llamativo ni extravagante, se podría considerar un antro, un bar o cualquier otra cosa. Al principio el sitio te puede resultar impactante, pero después de un par de cervezas puedes irte acostumbrando.

El sitio tiene una pequeña terraza o patio exterior en el cual puedes sentarte al aire libre. La cerveza es la bebida del lugar y ronda los $3 dólares la botella y la jarra unos $7 dólares, pero lo que atrae a los lugareños es la promoción fija y definitiva de que los hot dogs (perritos calientes) son GRATIS e ilimitados. All you can eat, o sea todos los que quieras…

Rudy’s Bar & Grill, abrió en 1933, y fue uno de los primeros en obtener permiso para la venta de alcohol después que la famosa prohibición de la Ley Seca, hubiese terminado. Cuando caminamos dentro de él podemos sentirnos como en los viejos tiempos donde podemos seguir disfrutando de cerveza a buen precio y de todos los hot dogs gratis que queramos junto a una buena compañía.

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El mirador ubicado en la cabeza de la Estatua de la Libertad en Nueva York, inaccesible desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, reabrió al público el sábado para celebrar el Día de la Independencia estadounidense.

Treinta personas por hora podían acceder a la estrecha escalera en forma de caracol que lleva hasta la corona de la estatua. Para esta primera visita, los visitantes fueron seleccionados por sorteo.

El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg; el gobernador del Estado, David Paterson, y la secretaria adjunta para la Seguridad Interior, Jane Holl Lute, estaban presentes en la ceremonia oficial en Liberty Island, al sur de Manhattan.

“Esta estatua representa la esperanza. Resistió a las guerras, resistió a los atentados del 11 de septiembre. Recibamos los valores de fe para un mejor porvenir que representa”, dijo Paterson.

Se llega a la corona tras subir 168 escalones cada vez más estrechos. Por cuestiones de seguridad, su acceso había sido prohibido después de los atentados contra el World Trade Center en 2001.

AFP.-

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Después de tantos días de lluvia, por fin el astro rey nos regala el inicio del verano.

Las actividades escolares y académicas han concluido y todos están listos a gozar de la temporada. Unos salen de viaje pero muchos se quedarán en la ciudad para un descanso merecido tras todo un año de trabajo.

Muchas son las opciones que nos ofrece la capital del mundo para pasarla bien como visitar museos, conocer los parques de los diferentes condados, visitar la estatua de la Libertad, aventurarse en el inmenso portaaviones Intrepid anclado en el West Side, etc etc, pero la diversión veraniega favorita, es sin duda, visitar una buena playa para disfrutar de los rayos del sol, la arena y el mar.

A continuación una guía para que disfrute de los balnearios sin ir muy lejos ni gastar mucho.

Coney Island:Dirección: Surf Ave., W. 12th St., Brooklyn. Admisión: gratis. Transporte: líneas del subway D, Q, N o F hasta la estación Coney Island Terminal-Stillwall Ave. Costo: $2. Información: (718) 372-5159 o http://www.coneyisland.com.

Jones Beach:Dirección: Autopista Wantagh, costa sur de Long Island.Admisión: $8 por día. Transporte: tren de Long Island Railroad desde la Penn Station hasta Freeport, luego tomar un autobús hasta Jones Beach. Costo: $15 ida y vuelta del tren y autobús desde Manhattan y Brooklyn, y $11 desde Jamaica, Queens. Información: (516) 785-1600; (718) 217-LIRR o nysparks.state.ny.us.

Orchard Beach:Dirección: Pelham Bay Park y ruta Orchad Beach, El Bronx.Admisión: gratis.Transporte: línea del subway 6 hasta la estación Pelham Bay, luego tomar el autobús Bx12 hasta Orchard Beach. Costo: $2.Información: (718) 885-3273 o http://www.nycgovparks.org.

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La revista de viajes Concierge señala qué lugares sobrevalorados o repletos de turistas hay que evitar y entrega los mejores datos.

1. Cenar en el Times Square
Es entendible la atracción que produce entre los visitantes de Nueva York el Times Square, con sus hipnóticas luces de neón, historia y desenfrenado consumismo. Lo que no es comprensible es que alguien quiera comer ahí en cadenas de restaurantes del tipo Applebee’s, ni menos tomarse una foto con naked cowboy.

Sugerencia: A Times Square la llaman “el centro del mundo”, pero la ONU de la gastronomía está dos cuadras al este, en el famoso Hell´s Kitchen. La Novena Avenida está abarrotada de pequeños restaurantes y picadas, ideales para una rápida comida a precio razonable. Vaya al Pam Real Thai (404 W. 49 th St.) si quiere saber cómo es la verdadera comida de Bangkok o al Meskerem (468 W. 47th St.) si busca una experiencia etíope.

2. Subir al Empire State
¿Conoce esas montañas rusas donde se espera varias horas para hacer un viaje de dos minutos? Subir hasta el tope del Empire State es parecido, no espere, es exactamente como eso, y aunque la vista es espectacular, simplemente no tendrá el ánimo cuando llegue ahí tras largas y variadas filas para los ascensores y comprar el ticket de entrada. Sin agregar a lo anterior el atochamiento para descender.

Sugerencia: Tome esos US$ 20 que vale el ingreso y gástelo en un martini de manzana mientras observa la ciudad desde el piso 65 del Rockefeller Plaza número 30, donde se ubica el glamoroso bar de estilo art decó, Rainbow Room. Incluso, puede llegar hasta el mirador en el piso 70 (foto principal) y sacarles la lengua a los turistas del Empire.

3. Comer un Hot dog callejero
Tal como los taxis amarillos, devorarse un hot dog al paso en los carritos de coloridos quitasoles es, a estas alturas, un clásico de la ciudad. Okey. No toda la comida callejera es mala y en algunos países son tal vez lo más representativo del lugar. ¿Pero está seguro de querer gastar US$ 2 en un lacio pan con salchichas de dudosa procedencia, que han permanecido horas en el agua condimentadas con mostaza fosforescente?

Sugerencia: Nueva York es una de las capitales gastronómicas del mundo y aquí hasta los hot dogs tienen su lado gourmet: vaya a Dogmatic, ubicado en el lado norte de Union Square (26 E. 17 th Street) donde podrá saborear, por US$ 4,50, salchichas de vacuno, pollo, cerdo o cordero, traídas de granjas regionales y hechas a mano, dentro de pan recién amasado y condimentadas con salsas del tipo trufa-gruyére, yogurt-menta o queso-jalapeño.

4. Festejar en Meatpacking District
Esta pequeña área del Greenwich Village, junto al río Hudson, alguna vez fue un lugar de la ciudad famoso por sus decadentes bares y clubes. Ahora, el Meatpacking District hierve los fines de semana con bares, clubes y grupos de ruidosas, blondas, delgadas y tambaleantes chicas. Aunque durante el día es otra historia, con sus muy buenas tiendas de diseñadores y sus calles que atestiguan su pasado de barrio matadero.

Sugerencia: Si quiere diversión nocturna, vaya a Lower East Side. Franqueado por Chinatown, East Village y Soho, es uno de los más entretenidos barrios de la ciudad. Y para los que no temen explorar, Brooklyn se ha transformado en el lugar de moda para festejar de noche.

5. En carruaje en Central Park
Pasear al atardecer en carruaje por este famoso parque puede ser el epítome del romanticismo, pero la verdad es que a esa hora los caballos estarán cansados, el conductor será menos interesante que un talk show de Checho Hirane y avanzará todo el trayecto por avenidas congestionadas, con la imagen de otra carroza frente a la suya y el fresco olor de sus bostas.

Sugerencia: Sin duda que el mejor momento del día para conocer este icono es durante la mañana, cuando no hay mucha gente, los verdes prados están frescos y el ánimo dispuesto para salirse de las avenidas principales. Levántese temprano, vaya a la cafetería más próxima (pídalo doble), entre por la Quinta Avenida y camine hacia el centro del parque como un verdadero local.

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Nueva York siempre ha sido un escenario ideal para ligar y el cine sin duda se ha ocupado de idealizarlo. La ciudad se caracteriza por ser una metrópolis de almas dinámicas, trabajadoras, creativas pero absolutamente solitarias que anhelan conectar intensamente con otras.
brooklyn love

En esta urbe vertical viven más de 8 millones de personas prácticamente escalonadas en espacios diminutos. Su mayoría son solteros cuya edad promedio gira entre los 33 y 36 años. Por eso para los jóvenes profesionistas resulta normal sentirse a gusto en cualquier lugar y sobretodo charlar con extraños porque la noche con sus bares, antros y restaurantes es de todos y para todos, y ligar mas allá de ser algo normal es parte de lo cotidiano.

En los últimos meses la actividad de ligar en la Gran Manzana se ha visto profundamente afectada por el cataclismo de Wall Street y la creciente recesión económica que ha dejado sin empleo a más de 361 mil personas, sin duda la gente tiene más tiempo pero menos dinero.

Salir cuesta caro y más para el hombre que suele invitar la cena y las copas, al menos en la primera cita. La cuenta de la noche para darnos una idea en un lugar moderado podría sumar entre cena, cócteles que cuestan unos 16 dólares cada uno y los taxis, unos $200 dólares mínimo.

Sin embargo la crisis económica no esta frenando ligar, sino todo lo contrario.

En tiempos difíciles la gente necesita sentirse querida, apoyada y anhela, conectar con otras sobretodo si han perdido sus trabajos, si han roto con sus parejas anteriores o si se están divorciando.

No sorprende que millones de personas en Estados Unidos estén usando los servicios de buscar pareja que ofrecen más de mil 500 sitios en Internet. Se reporta un incremento hasta de 70% del tráfico de encuentros virtuales en muchos de estos sitios como Perfectmatch.com, SpeedDate.com, Chemistry.com y Matchmaker.com comprado con el del año pasado.

Pero el ligue virtual no consuela del todo a las almas solitarias de Manhattan que se resisten a pasar la noche en vela pegadas a las computadoras mientras ven escaparse por la ventana la vida y su infinidad de posibilidades.

Nuevas tendencias surgen para acomodar el romance a la austeridad de los tiempos. Una de ellas es la de compartir la cuenta de la cena, las copas y el taxi. Otra es evitar comprar rosas a la salida de los restaurantes y optar por tomar el metro, el autobús o caminar.

Caminar siempre puede resultar muy romántico y la ciudad ofrece un sin fin de paseos increíbles que no cuestan nada como cruzar de la mano el Puente de Brooklyn, recorrer después el Barrio Chino, luego la Pequeña Italia, SOHO y terminar en Greenwich Village tomándose un helado en Bleeker Street.

Igualmente ahora con el buen tiempo del verano las parejas están considerando evitar los restaurantes y en cambio prefieren comprar comida en el supermercado así como una botella de vino y llevárselo a Central Park para presenciar con un brindis desde un lugar frondoso el atardecer en el parque. Las salidas a las pizzerías y al cine también son opciones que las parejas barajean para cortar gastos.

Por último aquellos que gustan, saben cocinar y cuentan con una cocina normal y funcional la mejor alternativa de la recesión sería quizás preparar en pareja una cena y brindar serenamente con la luz de las velas mientras la ciudad brilla y palpita sin que ninguno de los dos tengan que pagar y dividir cuentas ni dejar propinas.

Ahora bien, queda por verse si esta alternativa, sin duda más osada, funcionaría de preámbulo romántico o no para dos extraños que anhelan leerse y conocerse en un terreno seguro, abierto y neutral sin necesidad de lavar platos ni subir escaleras y ascensores.

El País.-

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El Jardín Botánico de Brooklyn muestra desde mañana el lado más oscuro de las plantas, gracias a una nueva exhibición cuyo protagonismo recaerá en los ejemplares más traicioneros, peligrosos e incluso mortíferos del reino vegetal.Hasta el próximo 6 de septiembre, los neoyorquinos podrán conocer de primera mano, al medio centenar de plantas que forman “Wicked Plants” (Plantas malvadas, en su traducción del inglés), una muestra que reúne en el jardín botánico a unos vegetales cuyo poder para herir, envenenar o tan solo irritar a los humanos ha hecho que se les mire con aversión.

La exhibición deja al descubierto algunas de las características más oscuras de las plantas y muestra así las amenazas de, por ejemplo, el acónito, el ricino o los conocidos como “cactus voladores”, así como las conocidas como plantas carnívoras.

El acónito, un herbáceo presente en las zonas montañosas, es un vegetal muy tóxico, cuyo veneno surte efecto con el simple contacto de la piel, por lo que se ha utilizado, durante siglos, para la caza de animales e incluso de humanos.

Las semillas del ricino son extremadamente tóxicas y pueden provocar la muerte de quien las ingiere, mientras que una peligrosa variedad de cactus (cylindropuntia fulgida) aterroriza a quien se cruza con ellos al saltar sobre la ropa o la piel descubierta, dijeron los expertos del Botánico.

La muestra, que se basa en el libro “Wicked Plants: A Book of Botanical Atrocities” (Plantas malvadas: Un libro sobre atrocidades botánicas), de Amy Stewart, también exhibe plantas de las llamadas carnívoras, como la dionea atrapamoscas (dionaea muscipula), capaz de atrapar y digerir insectos y arácnidos y que se menciona en los libros de Harry Potter, de J.K. Rowling.

Pese a que el peligro de estas plantas es evidente, el Jardín Botánico de Brooklyn quiere demostrar que algunas de ellas también tienen características beneficiosas para la salud humana.

“Queremos despojar de las características malvadas y perversas que comparten miles de plantas”, dijo Kathryn Glass, una de las vicepresidentas de la institución neoyorquina, mediante un comunicado.

Quien visite “Wicked Plants” se encontrará así con una planta del grupo de las digitales que, pese que su ingestión es nociva, se utiliza como parte de medicamentos para tratar enfermedades del corazón.

Según sus organizadores, la muestra sirve así también como una guía que ayuda a reconocer a plantas que tienen valores medicinales, a las que son peligrosas para los animales de compañía y también aquellas cuyo polen puede atacar con más fuerza a las personas alérgicas.

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Broadway y Séptima avenida se cruzan a la altura de la calle 46 en Times Square, el centro de Manhattan, ese baño de luz y rascacielos que el mítico escritor Jack Kerouac describiera como el nido en el que “despiertan las altas torres de la tierra”.La esquina -una cornucopia de tránsito, sirenas y olores de lluvia y rancios hot dogs, coronada por una gigantografía azul y blanco nupcial que promociona el musical Mamma Mía y que se enfrenta calle de por medio la chica robot del anuncio de Svedka Vodka- es la elegida por Marshall Berman para nuestro encuentro.

Berman, autor de Todo lo sólido se desvanece en el aire, uno de los libros que marcara a fuego a la crítica cultural y urbanística a principios de los ochentas, aguarda reclinado sobre un cantero desierto de flores. Comienza a llover y el hombre, vestido de pantalón aviador y la típica camisa con John Lennon frente a la Estatua de la Libertad, me saluda e inmediatamente propone recorrer la “Plaza Urbana”, este espacio que pocos días atrás la comisionada de transportes de la ciudad Janette Sadik-Khan incrustara como un marcapasos en el corazón de Times Square.

La nueva zona peatonal de más de 5.500 metros cuadrados poblada de sillas y mesitas de colores, que se sumará a los recientemente adicionados 1.500 kilómetros de bicisendas para convertir a Nueva York en una ciudad más amigable y vivible, no sólo ha generado revuelo sino una gran cantidad de preguntas. Entre ellas una que le interesa especialmente a Berman, ¿cómo será la Nueva York del futuro?

On the Town, el trabajo más reciente del autor, tiene que ver con esta evolución. En el libro, Berman construye una historia cultural de los cien años de Times Square, desde sus inicios como centro de entretenimiento hasta su más reciente transformación.

Entre una marea de transeúntes somos pocos los que bajo la escasa lluvia nos animamos a sentarnos en las reposeras provistas por la ciudad. Berman, quien parece satisfecho con el cambio, señala a una muchacha, también sentada, que a pocos metros de donde nos encontramos lee un libro bajo su paraguas.

“El alcalde más amado en Nueva York fue Fiorello La Guardia”, comienza mientras se acomoda la barba descomunal. “Fue el alcalde de la ciudad y de la gente durante los años 30 y los 40. Era parte italiano, parte judío, nacido y criado en el East Harlem. Fue el abogado de los trabajadores y de los diferentes movimientos sindicales. De hecho, se convirtió en una de las voces de la gente común de un modo nunca visto antes en la ciudad. Sin embargo, una de las cosas que hizo y de las que se enorgullecía fue convertir en ilegales a los cafés en las veredas de la ciudad. Se deshizo de cientos de cafés en las aceras pues para él estos cafés eran la encarnación de la maldad, eran decadentes. Eran la manifestación de algo ajeno a Nueva York, podían formar parte de una ciudad ociosa, con gente sin hacer nada, sin trabajar, pero no eran algo digno de esta ciudad. Él decía: “Nueva York no es París, Nueva York no es Venecia, somos una ciudad que trabaja”. Y hoy podemos ver lo ridículo de esta afirmación. Sin dudas, con todo lo bueno de La guardia, esto muestra el costado más reaccionario y provinciano de la izquierda neoyorquina”.

Enamorado de la ciudad “como concepto” Berman asegura que hace ya años que no vacaciona en una playa o en una montaña, y que prácticamente le ha dedicado la vida entera a comprender cómo estos gigantescos conglomerados de gente y tránsito nacen, llegan a su madurez y en algunos casos desaparecen.

“John Lindsay fue alcalde de la ciudad entre 1965 y 1973, y su primera acción de gobierno fue, por decisión ejecutiva, abrir de nuevo los cafés en las aceras”, recuerda. “Su segunda medida ejecutiva fue prohibir el acceso de automóviles a los parques de la ciudad. Central Park se había convertido en una especie de autopista a través de la ciudad. Y él limitó la circulación de autos, y la prohibió por completo durante los fines de semana, con el objetivo de que uno pudiese llevar a su familia al parque y divertirse, correr, andar en bicicleta. Básicamente creó el Central Park que hoy disfrutamos y que muchas veces la gente toma como dado. Nadie recuerda que pocos años atrás el parque era completamente diferente, mucho menos amigable.

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